Experiencias

Camilo – intercambio estudiantil AFS

La experiencia de estudiante de intercambio en cualquier país del mundo es algo increíble, en este caso, Alemania hizo de la mía algo más especial. Realmente conocía muy poco de este país antes de realizar mi viaje, su festival de cerveza, su antigua cultura, la historia de las guerras y que era un país muy desarrollado.

Sin embargo, llegar, explorar, conocer y vivir en un entorno muy diferente al mío realmente cambió mi vida.
Después de terminar mi bachillerato, viajé en dirección a Frankfurt y de ahí hacia el lugar donde me iba acoger durante casi un año, Bansin un pueblo en la Isla Usedom, al noreste de Alemania.

Los anfitriones de mi estadía serían una familia con 5 hijos, cristianos y extremadamente amables y serviciales. Con ellos aprendí demasiado, desde el idioma, las costumbres y de la cultura Alemana e incluso internacional.
La organización de intercambio (AFS) con la que viaje además de proveer los ticketes de viaje y de buscarme la familia, también me inscribió en un colegio cercano para realizar el grado 12, como estudiante de intercambio que era.

El idioma fue evidentemente una barrera al inicio, pues con mis pocos conocimiento de Alemán no entendía nada de lo que los profesores explicaban, a excepción de las clases que involucraban números, lo cual finalmente es un idioma universal.
Hacer amigos en el colegio tampoco fue una tarea fácil, pues el rumor de que los Alemanes son “fríos” no está lejos de la realidad. Cada persona tiene su propia vida y no les interesa mucho expandir su circulo de relaciones personales, pero una vez ganas la confianza de alguno de ellos, cuenta con que vas a tener un amigo de por vida. Con alguno de ellos y con mis “host siblings” que eran de mi edad, pasé momentos muy agradables e inolvidables tanto en el colegio, el pueblo, sus playas (nada mal para estar muy al norte) y sus alrededores.
Las posibilidades de viajar y conocer otras ciudades, no solo de Alemania sino de Europa también hacen parte evidente de un año de intercambio. Junto con otros amigos de intercambio realizamos diferentes e inigualables viajes tanto por carretera, avión y especialmente por tren. En ese entonces la juventud nos aguantaba para planes guerreros (“mochileros”) con bajo presupuesto pero que en grupo se terminaban disfrutando mucho más.
Los diez (10) meses de intercambio, en general, fueron una etapa de mi vida de la cual no me arrepiento ni un segundo. Además de aprender y conocer cosas nuevas del exterior, terminé creciendo mucho personalmente. Esto me ha ayudado en mis siguientes pasos como estudiante universitario, como profesional pero especialmente como ser humano. Vivir esta experiencia es algo que recomendaría 100%.

Si tienen la posibilidad de hacerlo, espero les sirva de inspiración mi historia para hacerlo!